El valor del Error

Feb 8, 2016 |

 

Es un contrasentido el que la mayoría de nosotros esté de acuerdo en que la especie humana es de las pocas que aprende las grandes lecciones de vida en base a errores, pero que por otro lado nuestra cultura destaque y premie principalmente el resultado de las acciones.

error 2Dice San Ignacio de Loyola, que para que algo produzca consolación (nos deje tranquilos y felices), debemos fijarnos en el inicio, el proceso y en el resultado. Desde ese punto la terrible frase, “el fin justifica los medios” no tiene ningún asidero, ya que no es posible hacer el bien cuando en el camino hemos afectado a otros, y no tiene sentido seguir premiando y reconociendo los “logros” de todos, sin mirar lo que ha pasado en el camino.

Permítanme contarles el caso de un ex alumno que solía tener buenas notas, aportaba con interesantes comentarios en clases y que era percibido como un alumno modelo. Sus resultados eran buenos y había consenso en que se esperaba un futuro prometedor para él. Sin embargo, un día al recreo se me acerca porque estaba complicado por haber obtenido en su última prueba un 6,3. Le mostré donde se había equivocado, cuál era la respuesta correcta y le dije que no se preocupara porque tenía una buena nota y lo relevante era que entendiera los conceptos y pudiera integrarlos a su proceso de aprendizaje. En cuanto hube terminado, se le llenaron los ojos de lágrimas, diciéndose que era un inútil, que debió haberlo sabido y que no merecía todo lo que tenía. Lo paré en seco y le pregunté por qué se trataba así, entrando en una conversación profunda en que dejó entrever que toda su vida lo habían felicitado por los logros que había alcanzado. Buen alumno, el primero en su familia que sería profesional y una persona considerada brillante, pero nadie se había preocupado de enseñarle a vivir con sus errores, a aprender de otros, a gozar del proceso y no solo del resultado y a asumirse profundamente humano, con miedos, problemas y virtudes. Al contrario le habían enseñado a tratar de ser perfecto, que equivocarse no estaba aceptado y que cualquier error era su culpa y estaba mal.

El hecho es que ese caso se repite persistentemente. Cuántos padres olvidamos enseñarles a disfrutar a los niños del deporte y nos enfocamos en que sean buenos en ellos. Cuántas veces olvidamos felicitarlos por los pequeños logros de su día y nos concentramos erroresen los problemas o errores que hayan cometido. Cuántas veces nos sentamos con ellos para entenderlos y enseñarles a crecer con sus errores, cuántas veces les contamos que nosotros también nos equivocamos. Como jefes, cuántas veces dejamos pasar los aportes de nuestra gente porque “es su trabajo”, y cuántas veces olvidamos premiar los errores que son producto de ir un poco más allá de lo mínimo, de reconocer que se intentó algo más. Normalmente solo nos preocupamos del resultado final, dejando de lado grandes oportunidades de crecimiento y de motivación.

El error es inherente al ser humano, pero el proceso de convivir con nuestros errores debemos impulsarlo desde pequeños. Es necesario que eliminemos el concepto de bien o mal de nuestro vocabulario y lo reemplacemos por te sirve para crecer o no.

El proceso de vivir y aprender del error tiene etapas y debemos conocerlas. La primera es el reconocimiento. Simplemente aceptar que me equivoqué y que eso no me hace ni mejor ni peor de lo que era antes de hacerlo. En segundo lugar, debemos entender a quién afecta nuestro error, identificar por qué es importante o no, qué efectos tendrá en el futuro mío o de otros. Posteriormente debemos tratar de enmendar aprender del errorel error (lamentablemente esto no es siempre posible y eso debemos aceptarlo), pero en la medida que podamos debemos resarcir el daño causado y pedir perdón a quién corresponda. Esto muchas veces implicará aceptar una sanción o un costo (financiero, físico o afectivo) que será parte del proceso de sanación del error, para finalmente tomar ese error y transformarlo en una experiencia de crecimiento. No es para esconderlo bajo la alfombra, sino para mirarlo por todos los lados, conocer qué pasó, que me llevó a eso y aprender a conocer mis límites (dejando de lado al juez castigador y siendo más el padre comprensivo) para salir de esa experiencia convertido en una persona más grande y abierta a entender que los otros también cometen errores.

Creo que no será difícil para ninguno de nosotros encontrar momentos en que nos hemos equivocado y creemos que no hay solución (yo recuerdo fácilmente un par), pero como persona, padre y jefe debemos ser capaces de entender el proceso de sanación de los errores para ser capaces de aprender de ellos, para aumentar la empatía con aquellos que nos toque acompañar y para ayudar a transformar los errores de otros en experiencias que les permitan ser mejores personas y más felices. Después de todo, de eso se trata la vida, de crecer y de acompañarnos en el proceso de crecimiento.

Muy sinceramente, Cristián Briones Maira

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